Durante su alocución a la nación, el jefe de gobierno leyó el telepromter con «escasa naturalidad», convirtiéndose más en un «comentarista de eventos» ajenos a su liderazgo que en un estadista, , según publicó el portal Sky News.
La actuación fue tan «torpe» que ni siquiera el periódico The Guardian lo contrataría para ese papel, ironizó el rotativo.
La controversia se profundizó cuando el titular de Defensa, John Healy, eludió en seis ocasiones responder si el Ejecutivo respaldaba los bombardeos.
Observadores se preguntan si Downing Street tiene opinión propia sobre el tema, cuestionó el medio, que también puso en duda la demora en aprobar la solicitud estadounidense.
Starmer confirmó el envío de «expertos ucranianos y británicos» a naciones del Golfo para contrarrestar drones iraníes, tras autorizar a Washington a emplear sus instalaciones contra «depósitos de misiles».
De acuerdo con el premier, se trata de una medida «defensiva, limitada y específica» para neutralizar lanzamientos contra la región.
La única forma de detener la amenaza es destruir los misiles en sus almacenes, argumentó Starmer, quien no obstante reiteró que Londres no participa en «acciones ofensivas» directas contra Teherán.
Analistas locales consultados por el medio consideran que la postura británica refleja una peligrosa subordinación a los designios bélicos de Washington en Oriente Medio.
Mientras, expertos en geopolítica señalaron que la decisión, envuelta en una pobre comunicación gubernamental, expone a Reino Unido a represalias sin un debate parlamentario previo, mientras la escalada regional amenaza con desbordar a las potencias occidentales.
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