El encuentro reunió a 12 dirigentes de ideología de derecha de América Latina en Miami con una agenda centrada en los intereses de la Casa Blanca: seguridad y recursos estratégicos mientras los interlocutores de Trump esperan cooperación económica. Argentina se posicionó como uno de los principales aliados regionales del actual régimen norteamericano.
El eje central del encuentro fue construir una coalición regional destinada a contrarrestar la expansión económica y estratégica de China en América Latina.
La estrategia busca también reforzar la presencia estadounidense en sectores considerados vitales para la competencia global, como el acceso a recursos naturales claves, entre ellos el litio, el petróleo y la producción de alimentos.
De interés para Washington, los concurrentes igualmente trataron el control sobre rutas comerciales clave, como el Mar de Drake, que separa a Sudamérica de la Antártida y une los océanos Pacífico y Atlántico, así como la cooperación en materia de seguridad regional y la promoción de inversiones en el hemisferio de provecho para Estados Unidos.
Analistas políticos en Argentina interpretaron la reunión como un nuevo eslabón en la estrategia de influencia sobre América Latina que responde al renovado enfoque de Washington hacia lo que considera su “patrio trasero”.
En el hotel Doral, propiedad de Trump, el magnate reunió a políticos de ideología afín para dialogar, desde la Estrategia de Seguridad Nacional del Pentágono, en busca de cooperación militar a la inédita ofensiva contra el narcoterrorismo de la Casa Blanca en el Caribe y el Pacífico.
Allí se habló de todo un poco –indican reportes procedentes de Miami- del secuestro de Nicolás Maduro y la nueva era en la relación con el chavismo a la máxima presión sobre Cuba; del apoyo financiero y político a Argentina a las operaciones militares conjuntas con Ecuador. “Y la lista, extensa, continúa”, señala un análisis del diario Perfil.
Los observadores apuntan a que Washington ve a la región como un territorio que, primero, debe mantenerse bajo su influencia y, segundo, extraer todo el beneficio posible en sus lazos económicos, políticos y en materia de seguridad.
El jefe de la Casa Blanca buscó en el pomposo Trump National Doral Miami reforzar su alianza con líderes ideológicamente afines y generar un bloque robusto que haga contrapeso al avance de China en la región, aunque faltaron tres pesos pesados: Brasil, México y Colombia.
A Milei le volvió a recordar que ganó las elecciones legislativas del pasado octubre gracias a su ayuda, con lo que indirectamente –interpretaron muchos- le puntualizó que le debe favores.
En lo político, la participación de Milei en este esquema regional también funciona como un gesto de consolidación de su estrategia internacional de alianza limitada a Estados Unidos e Israel.
Esa alineación le permite a su gobierno mostrar sintonía con la agenda de Trump en temas de seguridad, comercio y geopolítica regional, al mismo tiempo que busca abrir nuevas oportunidades de financiamiento e inversión que no acaba de llegar en un contexto interno de fragilidad macroeconómica y creciente crisis industrial.
También, para Milei hacia dentro de Argentina, el vínculo con Trump funciona como una señal de respaldo internacional en un momento en que el gobierno intenta consolidar su política de duras reformas.
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