Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh, Estados Unidos, lo nombraron un gotero oftálmico vivo experimental.
El estudio está en su etapa inicial, y se busca utilizar bacterias oculares naturales para favorecer la cicatrización de heridas corneales.
Los científicos -según la revista Cell Reports- demostraron que este puede modificarse genéticamente para secretar una terapia antiinflamatoria que promueve la curación después de una lesión corneal en un modelo de ratón.
El estudio abre las puertas a la idea de una medicina viva para el ojo: algo que se aplica una vez y permanece, protege y ayuda a la cicatrización del tejido.
Esta bacteria benigna reside naturalmente bajo el párpado, y secreta continuamente la citocina interleucina 10 (IL10), una pequeña proteína que regula la inflamación.
«En ratones, las córneas que se rasparon suavemente y se trataron con las bacterias diseñadas cicatrizaron más rápido que las tratadas con bacterias comunes o solución salina. Al bloquear el receptor de IL10, este beneficio desapareció, lo que confirmó que el efecto terapéutico dependía de la IL10», argumentaron los expertos.
Los investigadores también crearon una versión del microbio que libera IL10 humana, lo que mejoró el cierre de heridas en células cultivadas en laboratorio que conforman la capa más externa de la córnea de las personas, y redujo la señalización inflamatoria en las células inmunitarias.
Dicho estudio puntualizó que el problema de los colirios actuales, es que las lágrimas los eliminan constantemente, por lo que el tratamiento debe aplicarse varias veces, y esto puede limitar la eficacia de las terapias para afecciones como las abrasiones corneales o la sequedad ocular.
El artículo señala que aún quedan muchos pasos por completar antes de que sea posible su aplicación clínica, incluyendo el desarrollo de un modo de eliminar o desactivar de forma segura y fiable las bacterias modificadas una vez que ya no sean necesarias.
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