Por Orlando Oramas León
Fotos: Rosa Mesa
Sonó alto en el abarrotado recinto del Paraninfo de la Universidad de la República (Udelar), donde uruguayos agradecidos retribuyeron el abrazo con que Cuba los cobijó en los años tenebrosos en que la dictadura aquí cometió crímenes de lesa humanidad.

Fue en un encuentro convocado por el Grupo de Hijxs de Exiliadxs Políticxs en Cuba (así se denominan), que integran quienes en su infancia o juventud vivieron en la isla como consecuencia del exilio político de sus familias durante las dictaduras del Cono Sur.
También padres y madres, como la doctora Graciela Ubach, quien desembarcó en La Habana con tres hijos pequeños. “Cuba fue tocar el cielo con las manos”, dijo en testimonio sobre la hospitalidad recibida hasta “en los más mínimos detalles”.
“Hay que proteger el orgullo de los cubanos, ellos van a resistir y no van a entregar a su país”, afirmó cuando desde Washington el presidente Donald Trump se jacta de su intención de apoderarse de la tierra de José Martí.
Fue noche de reflexión, como la del profesor universitario e ingeniero formado en Cuba, Gregory Randall, quien llegó con apenas ocho años y allí creció, se formó y vivió 14 años. “Somos hijos de la Revolución cubana”, subrayó.
“Cuba siempre fue una fortaleza sitiada”, apuntó en referencia al bloqueo que suma décadas y cuyas secuelas y privaciones compartió.
Randall evocó aquellos años transformadores en los que en la ínsula rebelde se multiplicaban escuelas, hospitales, crecía la esperanza de vida y se achicaba la mortalidad infantil.
“No existe pueblo más generoso que el cubano”, dijo.
Sobre ello habló el rector de la Udelar, Héctor Cancela, quien evocó los diversos momentos en que desde Cuba se extendió la mano solidaria a su país, donde desde hace 18 años médicos antillanos han devuelto la vista a más de 100 mil uruguayos.
Al final, una emotiva reflexión a nombre del colectivo de hijos e hijas, a cargo de Leticia Cubas, quien nació en tierra cubana en 1976 durante el exilio político de su padre.
A la par hubo venta de bonos y se recibieron medicamentos para la campaña de solidaridad.
En el auditorio estaba la embajadora de Cuba, Lissett Pérez. También trabajadores, estudiantes, jubilados, diputados, el senador y secretario general del Partido Comunista de Uruguay, Óscar Andrade.
Como cierre el canto comprometido de Papina de Palma y Numa Moraes, otro que vivió el exilio en la isla, y como coro el “Cuba sí, yanquis no” a todo pulmón.
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