En una declaración emitida desde el Palacio de Gobierno en Beirut, con motivo del Eid al-Fitr, fiesta musulmana del fin de Ramadán, el jefe de Gobierno advirtió que Líbano enfrenta “una situación muy difícil”, marcada por conflictos que no responden a sus intereses nacionales.
Subrayó que el Ejecutivo trabaja junto a países árabes y la comunidad internacional para impulsar el cese de las hostilidades y garantizar la llegada de ayuda humanitaria, mientras las instituciones estatales permanecen en estado de alerta.
Salam precisó que la participación en conflictos regionales no fue una decisión del Estado, pero ha derivado en mayores niveles de destrucción y desplazamiento dentro del país.
Asimismo, alertó sobre los riesgos del discurso de odio y la escalada verbal, al considerar que representan una amenaza para la estabilidad institucional y la seguridad de los ciudadanos.
El primer ministro insistió en la necesidad de que el Estado recupere la capacidad de decidir sobre la guerra y la paz, y advirtió contra la implicación del país en agendas externas que podrían intensificar la agresión y aumentar los costos para la nación.
Desde inicios de marzo, Israel escaló sus agresiones contra Líbano tras un ataque del movimiento Hezbolá, en el contexto de la escalada regional vinculada al conflicto entre Irán, Estados Unidos y Tel Aviv.
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