Foto: Roberto F. Campos (FotosPL)
El turismo de sol y playa, que representa aproximadamente la mitad del gasto turístico mundial, vive un año decisivo con cifras récord de visitantes, megainversiones hoteleras y una creciente presión para adoptar modelos sostenibles ante la amenaza del cambio climático.
El rugido del mar y la textura de la arena bajo los pies siguen siendo, para millones de viajeros, la esencia misma de las vacaciones perfectas.
En 2026, esa atracción se traduce en números que consolidan al turismo de playa como uno de los motores económicos más poderosos del planeta, con proyecciones de crecimiento sostenido y una transformación estructural hacia la sostenibilidad que ya no es una opción, sino una necesidad impostergable.
El mercado global de turismo de playa, que abarca desde el relax en la arena hasta el buceo en arrecifes y los deportes acuáticos, alcanzó un valor de 255 mil 610 millones de dólares en 2025 y se proyecta que crezca hasta los 272 mil 490 millones de dólares en 2026.
Ello representa una tasa de crecimiento anual compuesta del 6,6 por ciento. Pero estas cifras apenas arañan la superficie de un sector mucho más amplio.
Para el turismo costero y marítimo en su conjunto, incluye cruceros, yates y actividades náuticas, se movió 3,2 billones de dólares en 2024 (un billón equivale a un millón de millones) y se espera que supere los 4,1 billones para 2030.
Un informe de la Comisión Europea (CE) sobre turismo sostenible señala este año que el turismo costero representa alrededor del 50 por ciento del gasto turístico mundial, generando aproximadamente 1,5 billones de dólares al año y sosteniendo más de 52 millones de empleos en todo el mundo.
Para muchos países insulares y naciones costeras, esta industria no es solo un sector más: es la columna vertebral de sus economías.
Los primeros meses de 2026 confirman una tendencia de recuperación acelerada y superación de las cifras pre-pandemia Covid-19.
España, el destino de sol y playa por excelencia en Europa, cerró 2025 con 96,8 millones de visitantes internacionales, generando un gasto turístico de 134 mil 700 millones de euros, según datos del sector.
Las Islas Baleares, Canarias, la Costa del Sol y la Costa Brava siguen siendo los epicentros de este fenómeno, que ya incorpora una estrategia centrada en la sostenibilidad y la calidad sobre la cantidad.
En el otro lado del Atlántico, México se consolida como una potencia turística indiscutible. El país alcanzó la cifra de 98,2 millones de visitantes internacionales en 2025, un aumento del 13,6 por ciento respecto al año anterior, con ingresos que superaron los 34 mil 990 millones de dólares.
La Riviera Maya, Cancún, Los Cabos y Puerto Vallarta siguen siendo imanes para viajeros norteamericanos y europeos, que combinan el relax en resorts de lujo con experiencias culturales y gastronómicas.
El Caribe, por su parte, vive un auge sin precedentes. Bahamas recibió 12,5 millones de visitantes en 2025, un 11,4 por ciento más que el año anterior, impulsado por el crecimiento del turismo de cruceros y la fuerte demanda de resorts de lujo.
Aruba experimentó un aumento del 18,7 por ciento en visitantes desde Norteamérica, mientras que República Dominicana, Jamaica, Santa Lucía y Barbados también reportan cifras récord en llegadas y gasto por visitante.
Detrás de estas cifras récord hay una maquinaria logística y hotelera en plena expansión.
Las aerolíneas identificaron en las rutas de ocio y playa uno de los segmentos más rentables y resiliente. En 2025, la demanda global de pasajeros creció más del cinco por ciento, con un incremento del siete en el tráfico internacional y factores de ocupación cercanos al 83, según datos de la industria.
Pero este crecimiento espectacular convive con una amenaza existencial: el cambio climático.
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