Si bien las flores no son imprescindibles para calentar los hogares ni para obtener buenas cosechas no es menos cierto que hacen la vida más grata en medio de un mundo cada vez más turbulento y, sobre todo, amenazado de una posibilidad de extinción por un conflicto nuclear.
Los efectos inmediatos de ese tétrico cuadro tienen en ascuas a los floricultores kenianos que sufren el descenso de la demanda en los países europeos, son su principal mercado y Medio Oriente en menor grado, el alza brutal del costo de los fletes, además de las dificultades de encontrar navieras dispuestas a aventurarse por zonas próximas al conflicto entre Washington y Tel Aviv de una parte e Irán de la otra.
Estadísticas oficiales reflejan hasta una baja del 50 por ciento en las exportaciones de un mercado que desde el inicio de la conflagración pierden un estimado de un millón 400 mil dólares a la semana.
Datos del Banco Central keniano cifran el valor de las exportaciones kenianas de flores y adornos vegetales en 800 millones de dólares al año, una suma sustancial para la economía nacional, además de daños colaterales por la pérdida de empleos y el descenso de los ingresos en divisas fuertes, vitales para la economía de este país del este africano.
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