En ese sentido, acotó, la marca nacional Oceana Resort + Conventions abrió ese proyecto en una apuesta por fortalecer la experiencia del huésped, mientras se genera un impacto positivo en el entorno, en las comunidades y en el desarrollo del destino.
Ubicada en el Kilómetro seis, carretera a Monterrico, en la costa del Pacífico, la nueva torre incorporó 50 habitaciones adicionales, pero lo más importante es el concepto, que va más allá del diseño arquitectónico, remarcó la entidad.
Forma parte de un modelo operativo que impulsa el turismo regenerativo e integra prácticas sostenibles dentro de la experiencia del huésped, describió.
Detalló el uso de 594 paneles solares, que permiten reducir más de 200 toneladas de CO2 al año, un sistema que se utiliza para calentar el agua de las operaciones del hotel, lo cual reduce el consumo de gas y electricidad.
Dentro de las habitaciones, amplió, el arte mural (pinturas, fotografías, grabados o instalaciones), cojines y lámparas los elaboraron a mano artesanos guatemaltecos con técnicas tradicionales del tejido maya.
Cada pieza integra historia, creatividad y patrimonio, al transformar los espacios en una celebración viva de la cultura local, puntualizó.
Más que elementos decorativos, destacó, estas creaciones representan el compromiso del resort con la generación de oportunidades económicas en las comunidades y con la preservación de tradiciones artesanales que forman parte del legado cultural de Guatemala.
La instalación fortaleció su programa de reciclaje y gestión de residuos, dentro del cual procesa sobre las 17 mil libras de vidrio al año y 10 mil de plástico.
Incluso, los vasos de las habitaciones son fabricados por Gronn (una empresa chapina) a partir de botellas de cristal reaprovechadas por el mismo hotel.
Gracias a estas prácticas, en diciembre de 2024 el Instituto Guatemalteco de Turismo le otorgó a Oceana Resort+Conventions el Sello Q Oro, máximo reconocimiento en calidad y sostenibilidad del sector en el país.
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