En esta capital, la procesión de Jesús del Gran Poder recorrió el Centro Histórico con la participación de más de 100 mil personas a lo largo de su trayecto.
La caminata partió al mediodía desde la plaza de San Francisco, protagonizada por entre tres mil y cuatro mil “cucuruchos y verónicas” -personajes tradicionales- que acompañaron la imagen religiosa con sus trajes morados y negros, como símbolo de penitencia y fe.
La procesión, instaurada en 1961 por el sacerdote Francisco Fernández, se ha consolidado como una de las manifestaciones religiosas más importantes del país.
Entre cánticos, oraciones y lágrimas, los feligreses acompañaron las imágenes religiosas en un ambiente de recogimiento.
Paralelamente, en Guayaquil, la procesión del Cristo del Consuelo congregó a unas 500 mil personas en un recorrido de 2,5 kilómetros.
Pero la Semana Santa en Ecuador no solo se vive en los templos o en las calles, pues durante estos días se prepara la fanesca, un caldo espeso y cargado de simbolismo.
Esta sopa tradicional se elabora con 12 granos diferentes —como fréjol, habas, chocho, arvejas y maíz— en alusión a los 12 apóstoles, y se cocina con queso, sambo, zapallo y bacalao salado, que representa a Jesús.
En muchas casas esa receta se cocina en grandes cantidades para compartir con vecinos, amigos y parientes.
Su origen se asocia a ritos indígenas de agradecimiento por la cosecha, que con el tiempo se fusionaron con las celebraciones cristianas traídas por los españoles.
La Semana Santa ecuatoriana es una muestra de identidad que transcurre entre cucuruchos, fanescas y procesiones.
rc/avr













