La velada trascenderá, entre otros momentos, por el mural que regaló el pintor y actor, residente cubano en el istmo, Ernesto Córdova, un árbol en cuya copa se asienta una paloma blanca, cual símbolo de paz.
La frondosa planta- un framboyán, según explicó el autor-, tupida y abundante en ramas y hojas, se completó con un sello particular de infantes y otros participantes, quienes entintaron sus manos para aportar las primeras flores de abril, dignificar aquel lienzo y convertirlo en una entrega colectiva e imperecedera.
En diversos mensajes en las redes sociales, el embajador de la mayor de las Antillas en la nación canalera, Orestes Pérez, destacó que la legación diplomática se vestía así de colores este 4 de abril, cuando se conmemoran los orígenes de la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas) hace 64 años y de la OPJM (Organización de Pioneros José Martí -que en sus inicios fue la Unión de Pioneros de Cuba-, 65 años atrás.
“Fue un regalo del alma para nuestros niños, la esperanza del mundo, como dijera José Martí, el más universal de los cubanos “, escribió Pérez.
También subrayó las felicitaciones a los “continuadores de una obra inmensa, invencible, gigante, como su líder histórico indiscutible: el guerrillero eteno Fidel Castro Ruz”.
Justamente al respecto, en palabras centrales de la velada, la pionera Camila Pérez resaltó la visión indiscutible de Fidel, quien comprendió, dijo, que el futuro de la nación debía construirse desde la educación y la formación de valores en niños y jóvenes.
Gracias a ese legado, agregó, ambas organizaciones tienen el propósito de con gran amor a la Patria, formar generaciones comprometidas, conscientes y preparadas para defender y desarrollar la sociedad.
El emotivo acto también estuvo dedicado al centenario este año del natalicio de Fidel Castro (1926-2016).
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