En entrevista con GQ, edición española de la revista estadounidense, el delantero galo subrayó que “no podremos ser buenos siempre y dar el espectáculo que se espera”.
Argumentó que esta sobreexposición tiene consecuencias directas en el rendimiento: una advertencia sobre los límites físicos y mentales de los futbolistas.
Reconoció que su carrera seguirá evolucionando y que los cambios son inevitables: «Tarde o temprano me tocará marcharme, destacando que ser del Real Madrid, “es como un regalo de Dios (…) la oportunidad de vivir de mi pasión, jugar los mejores partidos, estar en el mejor club del mundo. Estoy muy agradecido siempre de estar en el campo, de levantarme cada mañana a hacer lo que me hace feliz”.
Encomió la dinámica del Estadio Santiago Bernabéu y el nivel con que se vive el fútbol en España, al tiempo que al referirse a la presión, “me permite mantener el grado de excelencia necesario».
«Siempre hay que adaptarse y reinventarse. La mentalidad correcta implica ser capaz de escuchar y adaptarse», sentenció.
En torno a su vida deportiva y personal, recalco que prefiere trazar una línea divisoria. “El club es trabajo, y el hogar es un lugar tranquilo”.
Sin adentrarse en detalles acerca de sus expectativas, comentó que se siente con más responsabilidad por su papel de capitán de la selección de Francia.
“Ser capitán me proporciona una nueva visión más amplia. No me preocupan los cambios, quiero seguir mi propio camino”, precisó Kiki, como lo llaman cariñosamente.
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