En su pesquisa los científicos comprobaron que la luz solar que atraviesa las ventanas de los hogares no es una alternativa segura ni recomendable para prevenir o tratar la ictericia neonatal, una afección que afecta a más de la mitad de los bebés.
El equipo de investigación analizó cómo se comporta la luz solar al atravesar distintos tipos de vidrio habituales en viviendas y concluyeron que, aunque la luz que entra por las ventanas mantiene una intensidad elevada en la banda azul (la que se utiliza en los tratamientos médicos), lo hace sin control y acompañada de radiaciones potencialmente perjudiciales.
Además, midieron la irradiancia solar en diferentes condiciones y comprobaron que, en exteriores, la luz azul puede alcanzar valores hasta ocho veces superiores a los utilizados en fototerapia intensiva.
“Al atravesar el vidrio, entre un 70 y un 90 por ciento de esa luz sigue llegando al interior, lo que implica que un recién nacido expuesto junto a una ventana puede recibir niveles de radiación muy elevados y difíciles de controlar”, apuntó Jesús Alba, investigador del campus de Gandia de la Universitad Politécnica de Valencia y autor del estudio.
El trabajo reveló también que los vidrios habituales no filtran de forma eficaz otras radiaciones como la ultravioleta o la infrarroja, lo que supone un riesgo añadido, ya que estas radiaciones no aportan beneficios terapéuticos y pueden provocar sobrecalentamiento, deshidratación o daños en la piel y los ojos.
Por ello, la exposición al sol a través de una ventana no es recomendable como método preventivo ni terapéutico frente a la ictericia neonatal, señaló José Miguel Sequí, pediatra del Hospital Universitario Francesc de Borja de Gandia.
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