La decisión fue anunciada pocos días después que Washington declarara que no se renovarían las exenciones de sanciones para el crudo ruso, lo que muestra un giro inesperado en la política energética estadounidense.
La extensión de la licencia sugiere que Washington no espera una caída rápida de los precios del petróleo, posiblemente debido a la prolongación del conflicto en el Medio Oriente y a los efectos persistentes de la interrupción del tránsito por el estrecho de Ormuz.
Aunque la decisión de Estados Unidos facilita el cumplimiento de contratos ya en marcha y reduce ciertos costes logísticos y financieros para vendedores y compradores, la situación de mercado no cambia de manera significativa: la cantidad de petróleo disponible no aumenta y tampoco desaparece la escasez de oferta que enfrentan los mercados globales.
Esta medida provisional es vista como un intento de aliviar las tensiones en el mercado energético mundial al permitir completar transacciones que de otro modo quedarían bloqueadas por las sanciones, aunque no representa un levantamiento amplio de las restricciones contra el sector energético ruso.
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