El Ministerio de Asuntos Exteriores y Expatriados denunció en un comunicado los planes de ese país de judaizar la parte oriental de la urbe, así como de eliminar su identidad palestina y árabe.
La cartera alertó sobre el proyecto del gobierno de Benjamín Netanyahu de imponer nuevas realidades sobre el terreno mediante la manipulación del estatus histórico y legal de Jerusalén.
Como potencia ocupante, Israel no tiene soberanía sobre la ciudad, que pertenece exclusivamente a Palestina, recalcó.
La Cancillería estimó que esas medidas son totalmente inaceptables y violan el derecho internacional, la opinión jurídica de la Corte Internacional de Justicia y varias resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
En similar sentido se pronunció el presidente del Consejo Nacional Palestino, Rouhi Fattouh, quien también criticó el establecimiento de la escuela.
La propuesta representa un nuevo eslabón en un proyecto colonial sistemático que explota el estado de agitación regional y las guerras en curso, señaló en alusión al conflicto iniciado tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán.
Fattouh acusó al vecino país de utilizar herramientas de planificación urbana como instrumento para la anexión progresiva y el cambio demográfico forzado de Jerusalén.
Al respecto, recordó que las leyes internacionales prohíben a la potencia ocupante realizar cualquier cambio en el carácter jurídico o demográfico de los territorios ocupados.
La elección del barrio de Sheikh Jarrah no es casual, sino que se enmarca en un ataque sistemático contra uno de los monumentos nacionales palestinos más importantes de Jerusalén debido al simbolismo político e histórico del barrio, subrayó.
Israel ocupó la zona oriental de esa ciudad durante la guerra de 1967 y desde entonces rechaza retirarse, pese a los reclamos de la ONU y de la comunidad internacional.
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