La investigación, elaborada por World Vision Ecuador, sostiene que ese grupo etario constituye la “última ventana de oportunidad” para mejorar el desarrollo cognitivo y las condiciones de salud de la niñez.
“Queríamos con información verídica sustentada en data cuantitativa y cualitativa demostrar que la última ventana de oportunidad para que los niños puedan tener una nutrición saludable son los siete a 10 años”, afirmó el representante de la organización en Ecuador, Esteban Lasso.
El estudio, basado en encuestas a unos 600 menores en 13 provincias ecuatorianas, evidencia marcadas diferencias en la dieta según la región.
Lasso explicó que en la Amazonía la alimentación depende en gran medida de productos como la yuca y el frijol debido a la dificultad de acceso a otros alimentos frescos, mientras que en la sierra predomina el consumo de carbohidratos como papa, arroz y fideos.
En los territorios de la costa, en tanto, identificó una tendencia al consumo de productos ultraprocesados y azucarados que afectan la calidad nutricional de los menores.
Los niños ecuatorianos no tienen acceso a una alimentación adecuada, señaló el directivo, al vincular esta situación con factores como pobreza, distancia geográfica, educación y tradiciones alimentarias.
Según detalló, una dieta balanceada requiere alrededor de 3,18 dólares diarios, un monto que supera los ingresos de quienes están en pobreza y pobreza extrema.
Por su parte, la especialista en políticas públicas de World Vision, Karina Ponce Silva, apuntó que la escuela constituye un espacio clave para mejorar la alimentación infantil.
Indicó que los programas de alimentación escolar podrían reducir hasta en 20 por ciento la anemia y aumentar en nueve por ciento la asistencia a clases, además de generar retornos económicos en las comunidades.
“El llamado a la acción es aprovechar la plataforma escolar como una intervención para poder mejorar e incidir en la alimentación de los niños”, sostuvo.
La experta agregó que el estudio también identificó casos de sobrepeso y obesidad asociados al consumo de productos no saludables, así como efectos en el bienestar de los menores.
Señaló que los niños reportan cansancio, debilidad y falta de concentración cuando no se alimentan adecuadamente, lo que incide en su desempeño escolar.
En representación del Gobierno, la subsecretaria de Agricultura Familiar Campesina, Sumak Bastidas, reconoció los desafíos en materia de nutrición y seguridad alimentaria.
“La nutrición y la desnutrición y la malnutrición no es única y exclusivamente un tema étnico y tampoco de clase social o un tema de clase económica”, expresó la funcionaria.
Bastidas subrayó el papel de la agricultura familiar campesina, que aporta el 60 por ciento de los productos frescos de la canasta básica, y destacó que gran parte de esa actividad es liderada por mujeres rurales.
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