Trump, quien este viernes ya había anunciado más medidas coercitivas contra el país caribeño, dijo en una cena privada del Forum Club en West Palm Beach que se encargará de Cuba, pero primero concluirá su guerra en Irán, porque le gusta “terminar el trabajo”.
El mandatario republicano dijo que tal vez envíe el portaaviones USS Abraham Lincoln a unas 100 yardas (91.44 metros) de la costa (con el claro objetivo de intimidar) y en esa circunstancia espera que le dirán en Cuba “muchas gracias, nos rendimos”.
Desde que asumió su segundo periodo en la Casa Blanca el 20 de enero del pasado año, el presidente Trump ha redoblado su apuesta contra Cuba. El primer día en el cargo firmó una orden ejecutiva que revirtió medidas tardías, pero en la dirección correcta de su predecesor demócrata, Joe Biden.
Biden, quien durante sus cuatro años en el Despacho Oval se mantuvo en línea con la política de Trump hacia Cuba, pero una semana antes de concluir su presidencia decidió eliminar al país de la unilateral y arbitraria lista de Estados Unidos de supuestos patrocinadores del terrorismo.
Así, en cascada, fueron llegando una tras otra las disposiciones, todas destinadas a estrangular a la nación antillana con un reforzamiento sin precedentes del bloqueo económico, financiero y comercial más largo de la historia con el objetivo de derrocar a la Revolución cubana.
Atacó las remesas (desde el 31 de enero de 2025 fueron suspendidas); incrementó la persecución a la cooperación internacional de Cuba en el área de la salud a través de campañas de presión que hicieron ceder a algunos países, los cuales abandonaron ese programa.
También la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) intensificó la persecución sobre las operaciones financieras de La Habana; puso fin al programa de parole humanitario; suspendió visas para intercambios culturales, deportivos y científicos, y en un giro sin precedentes, tras 23 años de suspensión, activó el Título III de la Ley Helms-Burton.
El pasado 29 de enero, un año después de su regreso al poder, firmó una orden ejecutiva que declaró una emergencia nacional respecto a Cuba bajo el argumento de que constituye una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.
Además, impuso un bloqueo energético y amenazó con aranceles punitivos y sanciones secundarias a cualquier país, empresa o naviera que intentara vender petróleo a Cuba, algo que constituye una violación flagrante de la soberanía de terceros Estados.
Este viernes, Trump publicó un decreto que amplía las acciones coercitivas unilaterales de su Gobierno contra Cuba, que son una extensión de las anunciadas en enero, aunque no menciona entidad o persona en específico.
El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, rechazó esa reciente orden ejecutiva de Trump. En un mensaje en X, calificó de «repudiable, pero curioso y ridículo» el aumento de las presiones económicas de la Casa Blanca sobre el país caribeño.
En una votación 51-47, el martes el Senado de Estados Unidos rechazó una iniciativa demócrata sobre poderes de guerra para limitar las posibles operaciones militares que Trump pueda ordenar contra Cuba sin la autorización del Congreso.
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