En una publicación en redes sociales con motivo de la celebración del Día de las Madres este domingo, el mandatario afirmó que las mujeres acumulan jornadas más extensas que los hombres al combinar trabajo remunerado y tareas domésticas.
Según explicó, las brasileñas trabajan “casi 10 horas más por semana” que los hombres cuando se suman ambas actividades, lo que representa alrededor de “21 días más al año dedicados al cuidado de la casa y la familia”.
Lula también llamó la atención sobre el impacto desigual del trabajo doméstico en las mujeres negras, al citar datos que indican que ellas llegan a dedicar unas 22,4 horas semanales a las labores domésticas.
Frente a ese escenario, el mandatario expresó que el fin de la jornada 6×1 (seis días de trabajo por solo uno de descanso a la semana) permitiría ampliar el tiempo libre y la convivencia familiar.
“Toda madre merece más tiempo. Tiempo para descansar, para estar con quien ama, para vivir. Eso es lo que el fin de la escala 6×1 garantizará a las mujeres y a Brasil”, escribió.
Mediante un video divulgado junto a la publicación, Lula afirmó además que, en pleno siglo XXI, con toda la evolución tecnológica, no tiene sentido que millones de personas en este país trabajen seis días por semana para descansar apenas uno.
El debate sobre la reducción de la jornada laboral ha ganado espacio en Brasil en los últimos meses, impulsado por organizaciones sindicales y movimientos sociales que defienden mejores condiciones de trabajo y mayor equilibrio entre la vida laboral y personal.
CNN Brasil difundió este domingo que la Propuesta de Enmienda Constitucional que plantea el fin de la jornada 6×1 tiene tres consensos definidos entre los diputados.
De acuerdo con la cadena, los congresistas de la comisión especial que debate la propuesta entienden que la nueva norma establecerá una escala 5×2, con 40 horas semanales y sin reducción salarial.
Pero el medio apuntó que dos temas todavía generan desacuerdos entre los diputados: una eventual exención para las empresas y el tiempo de transición para la implementación de la nueva regulación son los principales puntos en disputa.
Varios sectores de la oposición presionan por un plazo amplio, que podría llegar hasta 10 años, bajo el argumento de que el cambio aumentará los costos laborales y exigirá nuevas contrataciones.
Sin embargo, el gobierno de Lula defiende que la reducción de la jornada debe comenzar a aplicarse de forma inmediata y considera que no existen argumentos para un largo período de transición.
El ministro de Trabajo, Luiz Marinho, sostiene que el tiempo aceptable sería de seis meses para que las empresas se adapten a la logística del cambio.
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