El comercio global de telas -desde algodón y poliéster hasta tejidos técnicos e inteligentes- movió más de 180 mil millones de dólares en los últimos 12 meses, según datos preliminares de la Confederación Internacional de Textiles y Algodón (CITC).
La industria atraviesa una profunda transformación impulsada por regulaciones ambientales en Europa y el auge del nearshoring textil (traslado de los procesos textiles más cercanos a los países orígenes de las marcas) en América del Norte.
Las marcas ya no solo buscan precio, sino trazabilidad y bajo carbono, explicó la consultora especializada Lucía Herrera, directora de análisis de la firma Textiles Intelligence.
China continúa siendo el principal exportador mundial de telas, con una participación cercana al 40 por ciento del volumen total, pero perdiendo terreno frente a India, Vietnam y Türkiye.
Estos países aprovecharon los aranceles a productos chinos impuestos por Estados Unidos y la Unión Europea (UE) para ganar contratos de largo plazo con cadenas como Zara, H&M y Nike.
Estamos viendo un rebalanceo de la cadena de suministro global, señaló un informe del Foro Económico Mundial (WEF) difundido esta semana.
En paralelo, el mercado de telas recicladas y biodegradables creció 35 por ciento interanual, según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA).
Empresas de Portugal, Italia y Alemania lideran la producción de poliéster regenerado a partir de botellas PET y redes de pesca.
El viejo lineal tomar-hacer-tirar ya no aplica en la industria textil, afirmó la ingeniera textil Marta Covarrubias, vocera de la asociación Fashion for Good.
Sin embargo, el sector enfrenta desafíos: la escasez de algodón orgánico certificado disparó su precio 28 por ciento% en lo que va del año, y la Cámara Internacional de Comercio (ICC) alertó sobre prácticas de lavado verde en algunos proveedores asiáticos.
Finalmente, América Latina, liderada por Brasil, Colombia y Perú, busca posicionarse como proveedor regional de telas sostenibles para el mercado estadounidense, aunque aún muy lejos de los volúmenes asiáticos, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
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