El número uno del mundo hilvanó un tenis afilado, firmó cuatro aces, sostuvo un 49 por ciento de efectividad con el primer servicio y convirtió cuatro de cinco oportunidades de quiebre. La victoria no solo lo empujó a la antesala de la final, sino que lo elevó a una dimensión histórica al encadenar su victoria 32 consecutiva en torneos Masters 1000, superando la marca de Novak Djokovic y reafirmando una hegemonía que no concede resquicios.
Dueño de 28 títulos ATP y cuatro coronas de Grand Slam, Sinner transita una temporada perfecta en la élite tras conquistar Indian Wells, Miami, Montecarlo y Madrid, en una secuencia que dibuja un dominio casi geométrico sobre cualquier superficie.
Con la grada rendida y Roma latiendo al compás de su derecha, el italiano aguardará en semifinales por el vencedor del duelo entre el español Martin Landaluce y el ruso Daniil Medvédev, mientras la ciudad eterna comienza a soñar con una corona que no celebra desde 1976.
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