El Ministerio de Asuntos Exteriores y Expatriados condenó en un comunicado las sistemáticas incursiones de colonos en esa parte de la urbe, lo que consideró una peligrosa escalada de violencia.
Tales prácticas forman parte del plan de la ocupación israelí para imponer nuevas realidades por la fuerza en la Jerusalén ocupada, en el marco de su guerra de exterminio y desplazamiento forzado, recalcó.
También criticó la campaña para cambiar “la identidad árabe, islámica y cristiana, y socavar el estatus histórico y legal” de la ciudad.
La Cancillería denunció la transformación de la Ciudad Vieja en un cuartel militar cerrado, advirtió sobre la gravedad de estas violaciones y sus repercusiones, al tiempo que responsabilizó por la crisis al gobierno encabezado por el primer ministro Benjamin Netanyahu.
La comunidad internacional debe asumir sus responsabilidades legales y morales, y adoptar medidas urgentes para detener los ataques de las fuerzas de seguridad y los colonos israelíes, reclamó.
El presidente del Tribunal Supremo de Palestina, Mahmoud Al-Habash, acusó la pasada semana a Israel de acelerar la judaización de la zona oriental de Jerusalén y de intentar cambiar su demografía.
La urbe atraviesa una peligrosa fase histórica, estimó el también asesor presidencial para Asuntos Religiosos y Relaciones Islámicas durante una conferencia internacional en Pakistán.
Israel ocupó la zona oriental de esa ciudad durante la guerra de 1967 y desde entonces rechaza retirarse, pese a los reclamos de la ONU y de la comunidad internacional.
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