Analistas de todas las tendencias le recriminan en diversos tonos el que la narrativa de un fraude en su contra, enarbolada por él desde que fue el primero en anunciar su candidatura tras diversas acciones proselitistas obvias -favorecidas por su posición de alcalde de Lima-, aun antes de confirmar su postulación.
Con esa ventaja sobre sus posibles rivales, el candidato del partido Renovacion Popular (RP) se mantuvo en primer lugar en las encuestas hasta unas semanas previas a la primera vuelta electoral y, cuando cayó en los sondeos por sus yerros políticos, continuó pronosticando un fraude en su contra, denostó a las encuestadoras y amenazó casi con incendiar la pradera si no ganaba.
Ya lo había hecho en los comicios de 2021, cuando junto a la neoliberal Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, alegó un fraude, sin pruebas, aunque ahora, Fujimori, ganadora de la primera vuelta con 17 por ciento de los votos, no compartió sus alegatos.
Al ver que se desmoronaba en lo sondeos, embistió contra los organismos electorales usando términos irreproducibles, los acusó de urdir un fraude en su contra del que serían parte los problemas logísticos que impidieron funcionar a 13 colegios electorales de Lima, lo que es materia de investigación.
Como ese problema se alivió con la extensión de la votacion en esos centros, López Aliaga reclamó nuevas elecciones complementarias en las zonas de los problemas logísticas y reclamó la anulación de más de nueve mil mesas de votación de zonas pobres y remotas, en las que ganó el progresista Roberto Sñanchez, su rival victorioso en la pugna por el segundo lugar y el acceso de un balotaje ante Fujimori.
El comportamiento de López Aliaga mereció duras críticas de analistas de todas las posiciones, como el comentarista Juan de la Puente, quien señaló que la personalidad del candidato derrotado no puede ser explicada desde la política “y quizás necesitamos el auxilio de otras ciencias médicas o de la psicología” para ello.
Añadió que el personaje incurre en berrinche (pataleta) y el capricho infantil, a lo que agrega “una especie de actitud lumpen” con sus expresiones en público, inclusive contra Fujimori.
“Creo que representa a la facción más extremista de la derecha radical peruana; una derecha extremista e irredenta”, dijo y agregó que el partido de López Aliaga puede ser el primero en sufrir renuncias o divisiones en sus bancadas parlamentarias.
Un analista conservador, Fernán Altuve, criticó también la ambigüedad del derrotado, por mantener su beligerancia contra los organismos electorales y al mismo tiempo reconocer los resultados oficiales de la primer ronda de las elecciones.
“O convalida los resultados oficiales o sostiene que las elecciones fueron fraudulentas, lo demuestra y mantienen esa posición”, dijo.
Varios de los legisladores electos de RP adelantaron que no secundarían la negativa de su líder a asumir el cargo de senador para, el que fue elegido y opinaron que él debe hacer lo mismo.
La noche previa al anuncio del fin del conteo oficial de votos, RP lamentó que pese a todos sus esfuerzos no había podido imponer la narrativa del fraude y aseguró que seguirá dando pelea en el Congreso contra los organismos electorales.
“Con todo respeto, la única explicación a las actitudes y declaraciones de Rafael López Aliaga de los últimos días, mi única explicación es que tiene un problema psicológico”, comentó Rafael Rey, político derechista sobre el acaudalado empresario vinculado a la secta religiosa Opus Dei y a la ultraderecha internacional.
Añadió que lo conoce desde hace años y agregó que “no es normal que una persona como él actúe como lo está hacienndo; generando insultos, amenazas, difamaciones, calumnias y falsedades”, lo que lo descalifica.
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