Como una chispa en la lluvia del norte francés, Shmidt emergió desde el grupo principal a 14 kilómetros de meta, enlazó con el francés Axel Mariault (CIC Pro Cycling Academy), último sobreviviente de la fuga, y luego lo dejó atrás sin mirar.
La carrera había tejido su relato desde temprano con la escapada de Mariault, el británico Jonas Walton (CIC Pro Cycling Academy) y el francés Léandre Huck (Van Rysel Roubaix), protagonistas de una odisea que mantuvo en vilo al pelotón durante más de 150 kilómetros.
Huck dominó las cotas iniciales y Walton los sprints intermedios, mientras el trío sostenía una ventaja que empezó a deshilacharse bajo el empuje del pelotón guiado por Cofidis y el equipo estadounidense EF Education – EasyPost.
El guion se resquebrajó a 50 kilómetros del final con el pinchazo de Walton y la posterior captura de Huck, dejando a Mariault solo frente a un grupo que ya olía la caza entre abanicos y asfalto mojado.
Cuando la carrera pareció cerrarse sobre sí misma en los últimos 10 kilómetros, Shmidt irrumpió con determinación, se llevó consigo la última esperanza de la fuga y, tras soltar a Mariault, convirtió la incertidumbre en certeza.
Ni el trabajo conjunto de EF Education – EasyPost ni la persecución final del equipo alemán Red Bull – BORA – hansgrohe lograron neutralizar al joven norteamericano, que defendió su ventaja con la precisión de un relojero.
En la recta final, aún destacado, Shmidt selló la segunda victoria profesional de su carrera con un movimiento tardío y certero que transformó la Clásica de Dunkerque en un territorio de audacia.
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