En la homilía, el clérigo emitió un fuerte mensaje frente a toda la dirigencia política reunida en la Catedral de Buenos Aires; pidió por los abuelos y advirtió sobre la situación de los trabajadores informales, al tiempo que reclamó mayor empatía y sensibilidad social para contener a los sectores más vulnerables de la sociedad argentina.
En un llamado a la inclusión, el arzobispo remarcó con firmeza que en el país a ser solidarios con el dolor ajeno, «nadie es descartable, nadie es desechable», recalcó, y aseguró que «todos somos importantes» y pidió poner atención, comenzando por «los abuelos, los niños, los enfermos y las personas con discapacidad».
Además, el monseñor visibilizó la dura realidad social al incluir en su mensaje a «los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, y los trabajadores informales y precarizados».
Durante la esperada misa, el arzobispo porteño citó al papa León XIV para rechazar las “palabras de odio”. «Los violentos de hoy no tienen que detener a los argentinos y las argentinas que quieren dar una mano», reclamó, y criticó duramente a «los odiadores de ayer y los haters de hoy frente a una computadora».
En la primera butaca estaba el presidente Javier Milei y en la fila a continuación su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, acusado de corrupción, y el titular de la Cámara de Diputados, Carlos Menem; entre ambos Karina, su hermana y secretaria de la Presidencia.
Para intentar conjurar, al menos públicamente, los filos de una dura lucha intestina en su gobierno, el ejecutivo decidió mostrar a todo su equipo, pero una ausencia reflejó que el gobierno sigue fracturado: La cúpula libertaria decidió dejar fuera a la vicepresidenta Victoria Villarruel.
En este lunes feriado los argentinos celebran otro aniversario del Día de la Patria en conmemoración de la Revolución de Mayo de 1810. Durante esta fecha histórica, los criollos destituyeron al virrey español Baltasar Hidalgo de Cisneros y establecieron el primer gobierno patrio autónomo en Buenos Aires.
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