A través del texto “Guerra cognitiva contra Cuba, también”, el escritor advirtió que no se trata sólo de campañas propagandísticas orientadas a desacreditar un proceso político específico.
“Opera un dispositivo complejo de colonización perceptiva, disciplinamiento emocional, administración semántica y captura simbólica dirigido contra la capacidad de un pueblo para narrarse a sí mismo desde coordenadas soberanas”, expuso. Recordó que, desde el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959, la hostilidad contra la isla se organizó bajo una doble estrategia simultánea.
“Por un lado, el asedio material mediante bloqueo económico, sabotajes, terrorismo, aislamiento financiero y agresiones diplomáticas. Por otro, la instauración de una ofensiva semiótica destinada a erosionar la legitimidad del proyecto revolucionario dentro y fuera de la isla”, ilustró.
Explicó que “la coerción económica necesita fabricar una interpretación moral que invisibilice sus causas y transfiera la responsabilidad del sufrimiento hacia las propias víctimas”, el bloqueo “fabrica su relato” y “la escasez inducida necesita una pedagogía de culpabilización”.
“La asfixia financiera demanda un aparato de producción emocional capaz de convertir al agresor en supuesto defensor de libertades abstractas. Guerra cognitiva como forma superior de intervención imperial”, sostuvo.
A su juicio, para Washington “el problema central nunca residió únicamente en las reformas económicas o en la nacionalización de recursos estratégicos. El verdadero peligro es la dimensión pedagógica del ejemplo cubano”.
Por eso, apuntó, la agresión mediática organiza sistemas de radiodifusión clandestina, financiamiento de publicaciones hostiles, operaciones psicológicas, fabricación de rumores y campañas internacionales orientadas a representar a Cuba como anomalía histórica.
Además, se intensificó con la expansión de plataformas digitales y redes sociales.
“Conceptos deshistorizados de democracia, libertad o derechos humanos se utilizan selectivamente para condenar experiencias antiimperialistas mientras se silencian violencias estructurales producidas por el capitalismo dependiente. Olvidan, omiten o esconden el bloqueo”, expresó.
Frente a este escenario, la construcción de conciencia histórica crítica constituye una necesidad civilizatoria, manifestó al enfatizar que defender la capacidad de los pueblos para interpretar su experiencia histórica representa hoy una tarea inseparable de la lucha por la emancipación social.
“Cuba ocupa un lugar central en esta confrontación porque simboliza la persistencia inquebrantable de una voluntad soberana frente al capitalismo y sus sistemas de agresión multidimensional y macabros prolongados hasta la ignominia”, enunció.
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