La recolección de la zafra mostró finalmente un desempeño superior al que se proyectaba durante marzo, cuando la falta de lluvias y el deterioro de los cultivos en varias zonas agrícolas hacían temer un escenario similar al de la histórica sequía de 2022 y 2023.
A comienzos de mayo, con apenas entre 30 y 35 por ciento de avance de cosecha, todavía existía una gran incertidumbre sobre el resultado final, dijo el director de la firma Unicampo Uruguay, Esteban Hoffman.
En ese momento, el temor era que la campaña repitiera pérdidas severas similares a las de la zafra 2022-2023, que había cerrado con un promedio histórico de apenas 641 kilos por hectárea, según datos oficiales.
Sin embargo, el escenario comenzó a modificarse cuando la cosecha superó el 70 por ciento de avance y empezaron a ingresar resultados del centro-sur y sur del país.
Esas regiones mostraron un comportamiento bastante más favorable gracias a las lluvias registradas en abril, especialmente en los cultivos de segunda. “La soja del sur está mucho mejor en promedio y la segunda soja ligó bien el agua”, explicó el ingeniero agrónomo.
Los datos recogidos por Unicampo Uruguay mostraron que en las zonas del centro-sur y sur los rendimientos se ubicaron por encima de los mil 500 kilos por hectárea, mientras que las áreas más castigadas del litoral sur y el noreste de Río Negro permanecieron por debajo de los mil 400 kilos.
Con más del 75 por ciento de la trilla completada al momento de la consulta, Hoffman sostuvo que los mil 500 kilos por hectárea “son un piso” y estimó que el promedio nacional ponderado podría ubicarse entre mil 600 y mil 700 kilos por hectárea.
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