El dictamen fue aprobado por 34 votos a favor y cuatro en contra, bajo la conducción del diputado Leo Prates (Republicanos), quien presentó un texto unificado de dos iniciativas sobre el tema.
La propuesta modifica el artículo siete de la Constitución brasileña para establecer una jornada máxima de ocho horas diarias y 40 semanales, con dos días de descanso remunerado, uno de ellos preferentemente en domingo, y sin reducción salarial.
El proyecto también establece la extinción de la escala 6×1, garantizando al menos dos días de descanso semanal, y prevé su entrada en vigor 60 días después de la promulgación de la enmienda constitucional.
Además, incorpora un esquema de transición negociado entre el Gobierno y la presidencia de la Cámara: en una primera fase, la jornada pasaría de 44 a 42 horas semanales 60 días después de la promulgación, y un año después se reduciría a 40 horas, con el límite de ocho horas diarias.
Durante el período de transición, la iniciativa permite ajustes en la distribución de la jornada diaria mediante acuerdos o convenios colectivos, con el objetivo de viabilizar la adaptación de empresas y sectores productivos.
El informe aprobado fusiona la PEC 221/19, del diputado Reginaldo Lopes, y la PEC 8/25, de la diputada Erika Hilton (PSOL-SP), ambas orientadas a la reducción de la jornada laboral, aunque con modelos distintos de implementación.
Durante el debate, sectores de la oposición intentaron modificar el texto para ampliar el período de transición hasta 10 años o sustituir el modelo por una escala alternativa de cuatro días de trabajo y tres de descanso, propuestas que no fueron incorporadas al informe final.
El proyecto ahora será sometido a votación en el pleno de la Cámara de Diputados en dos turnos, y en ese órgano necesitará al menos 308 votos favorables para ser aprobado y seguir su trámite legislativo en el Senado.
Se prevé que la discusión ocurra en un contexto de negociaciones políticas intensas y posibles nuevas tentativas de modificación durante el debate plenario.
El fin de la escala 6×1 (seis días de trabajo por solo uno de descanso a la semana) es una de las principales demandas de los sindicatos del país, como se evidenció en las movilizaciones del Día de los Trabajadores el pasado 1 de mayo, y en otros eventos públicos.
La iniciativa cuenta con el respaldo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien defiende esta modificación como una necesidad del pueblo brasileño.
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