Son en realidad 13 apellidos históricos españoles, algunos de ellos los llevan menos de veinte personas en todo el mundo. Su desaparición supondría la pérdida irreversible de siglos de historia, geografía y cultura de la península ibérica.
Se trata de un mapa de identidades a punto de borrarse, en un contraste del paisaje onomástico español que se repite en muchas otras sociedades.
Mientras apellidos como García dominan el registro de la población, existe una capa de linajes históricos que se encuentra en el límite de la extinción, con raíces en el medievo ibérico, en el latín, en el euskera o en el gallego.
Sobrevivieron siglos de migraciones y reconquistas, pero que hoy se enfrentan a una erosión silenciosa.
El estudio apunta a tres factores principales que explican la desaparición progresiva de estos linajes: el despoblamiento rural, la deriva estadística y el sistema de nomenclatura patrilineal tradicional.
Muchos de estos apellidos nacieron ligados a comunidades muy concretas, con fuertes raíces geográficas o profesionales, pero luego se dispersaron.
Al mismo tiempo, predomina un sistema de apellidos tradicionalmente basado en la línea paterna, lo cual hace estadísticamente más probable que un nombre raro se diluya y no se perpetúe. Cada generación es una nueva oportunidad para que un linaje escaso desaparezca del mapa.
El resultado del estudio es un retrato de la diversidad onomástica española: mientras García, González o Fernández se reparten entre millones de personas, existe una capa casi invisible de apellidos hiperlocales que hablan de ríos, árboles, piedras, oficios medievales y fronteras ya borradas.
La lista de los 13 apellidos en peligro son Zuzunaga (País Vasco); Urriaga (País Vasco);
Pedrafita (Galicia): Teixugueira (Galicia): Sogorb (Valencia): Ginebrosa (Aragón): Manteiro (Norte de España/Portugal): Anteportamlatinam (España/Europa): Vacelar (España/Portugal): Jubitero (España): Arcea (España): Esmeriz (España /Portugal): y Pucho (España/Latinoamérica). La plataforma on-line MyHeritage propone una respuesta concreta a la situación, construir árboles genealógicos que preserven estos linajes aunque el apellido deje de existir en los registros civiles. Recuerda, además, que 10 generaciones hacia atrás equivalen a más de mil antepasados, y que documentar cada generación es la única forma de proteger esa historia para el futuro.
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