El Ministerio de Salud informó que los últimos dos pacientes son trabajadores sanitarios de Uganda, empleados en un centro médico privado de Kampala, y que ahora son siete los casos comprobados de la enfermedad desde el inicio del brote el 15 de mayo pasado.
Los organismos especializados –según la nota- iniciaron investigaciones en busca de contactos de los enfermos e instaron a la población a informar de inmediato sobre cualquier persona que muestre síntomas asociados al virus, para contener la propagación del brote.
De todas formas, sectores de la población pidieron controles fronterizos más estrictos, especialmente con la vecina República Democrática del Congo, donde se presume el origen del brote ya regional.
Las estadísticas actualizadas cifran en más de 900 los muertos y numerosos sospechosos de contagio con una dolencia que años atrás provocó cientos de fallecidos en países de varios continentes, entre ellos médicos y trabajadores sanitarios que trabajaron para contenerla y evitar que se convirtiera en una pandemia.
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