El furor por la victoria del club parisino frente al Arsenal, en Budapest, por 4 a 3 y en serie de penaltis, desbordó el dispositivo policial puesto en práctica por el ministerio del Interior en todo el país, en especial en esta urbe.
Petardos, corridas de fanáticos, quema de bicicletas y motos, seis vehículos dañados y al menos dos comercios completamente destruidos, es el saldo oficial de la policía, aunque, todo parece indicar, que la semana de celebración se extenderá por varias horas más.
El PSG retuvo la corona, pero la celebración rebasa todos los marcos posibles, con una paralización casi general del tráfico en los departamentos céntricos de Paris, donde una multitud, gran parte de ella adolescentes, expresa su alegría de manera no siempre convencional.
La movilización de ocho mil agentes, sobre todo, de unidades antidisturbios, pareció ser insuficiente en esta urbe, pues aunque esta situación es habitual para celebraciones ligadas con el fútbol, siempre se convierte en un reto para las autoridades galas.
Esa abrupta ruptura del orden es un tema que amenaza con convertirse en uno de los puntos que pudieran emplear en un primer momento los políticos franceses que esta jornada comenzaban oficialmente la campaña electoral de cara a las presidenciales de 2027.
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