De acuerdo con la directora del Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá (Imhpa), Luz Graciela de Calzadilla, el fenómeno fue declarado oficialmente el pasado 12 de mayo y ya comienzan a observarse algunas de sus consecuencias, entre ellas el aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones en la vertiente del Pacífico.
De acuerdo con los pronósticos, entre junio y agosto las lluvias acumuladas en esa región podrían reducirse entre un 15 y un 20 por ciento, con especial incidencia en el denominado Arco Seco, donde provincias centrales como Herrera y Los Santos registran retrasos en el establecimiento de la temporada lluviosa.
La especialista aclaró al diario La Estrella de Panamá que El Niño no implica la desaparición total de las lluvias, sino períodos más prolongados de sequía interrumpidos por eventos de precipitación intensos y de corta duración.
Asimismo, explicó que el fenómeno aún se encuentra en una fase inicial y que su etapa de mayor intensidad suele presentarse entre octubre y diciembre.
Las autoridades consideran que uno de los sectores más vulnerables será el agropecuario, debido a la reducción de la disponibilidad de agua para cultivos y ganado, especialmente en las regiones más propensas a la sequía.
Ante ese escenario, el Gobierno Nacional creó una Comisión Interinstitucional de Alto Nivel encargada de coordinar acciones preventivas y de respuesta frente a los efectos del fenómeno.
El ministro de Desarrollo Agropecuario, Roberto Linares, indicó que ya se ejecutan medidas en áreas de riesgo, principalmente en la península de Azuero, donde avanzan trabajos de perforación de pozos y construcción de reservorios de agua.
Además, evalúan programas de apoyo para productores ganaderos mediante la provisión de medicamentos, silos y alimentos fibrosos, con el propósito de reducir las pérdidas asociadas al estrés térmico del ganado.
La preocupación también alcanza al sistema de abastecimiento de agua potable. Según datos oficiales, unas 52 plantas potabilizadoras dependen directamente de caudales de ríos que podrían disminuir si persiste el déficit de precipitaciones. “La disminución de los ríos es el primer efecto que observamos cuando bajan las lluvias”, explicó Calzadilla.
Otro de los sectores bajo observación es el energético. Las altas temperaturas incrementan el uso de equipos de climatización y elevan la demanda de electricidad, mientras la menor disponibilidad de agua limita la generación hidroeléctrica.
A juicio de los especialistas, esta situación podría obligar a una mayor utilización de plantas térmicas para garantizar el suministro nacional.
Los pronósticos indican además que las temperaturas máximas podrían situarse entre 36 y 38 grados Celsius en algunas zonas del país, mientras que la sensación térmica podría superar los 44 grados debido a los elevados niveles de humedad.
En contraste con el Pacífico, el Caribe panameño podría experimentar un incremento de las precipitaciones. Las proyecciones señalan que entre junio y agosto las lluvias podrían ubicarse entre tres y siete por ciento por encima de los valores normales.
Este comportamiento aumentaría el riesgo de inundaciones y deslizamientos en zonas montañosas y de alta pluviosidad, particularmente en el corredor comprendido entre Fortuna y Bocas del Toro.
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