El hallazgo, publicado por la revista Quaternary y reseñado por National Geographic, resuelve un debate que se prolongó durante más de un siglo.
Desde su descubrimiento en 1912, las marcas rojas fueron interpretadas por algunos como obra humana, mientras otros las consideraban simples manchas naturales de óxido.
Los análisis modernos de composición química y datación mineral demostraron que los pigmentos contienen hematita mezclada con arcilla, aplicados de manera deliberada en líneas horizontales y equidistantes.
Esta disposición, a decir de los especialistas, resulta imposible de explicar por procesos naturales, subrayó National Geographic.
Las pruebas de laboratorio sitúan las pinturas entre 18 mil 300 y 15 mil 700 años atrás, en plena transición climática tras la última Edad de Hielo.
El paisaje de Gales era entonces una estepa recorrida por mamuts, bisontes y caballos salvajes, escenario en el que los grupos cazadores-recolectores dejaron su huella simbólica, añadió la publicación.
Aunque no se han encontrado evidencias directas de ocupación humana en Bacon Hole, las cuevas de la península de Gower ofrecían refugio y espacios propicios para prácticas rituales.
La ubicación de las marcas, en una zona profunda y oscura, refuerza la hipótesis de un uso simbólico o espiritual.
Más allá de su significado, las líneas rojas representan una de las pruebas más antiguas del pensamiento simbólico en las Islas Británicas.
Tras permanecer olvidadas durante décadas, vuelven hoy a ocupar un lugar central en la historia cultural de la humanidad.
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