En la pista Simonne Mathieu, tercera en jerarquía dentro del Bois de Boulogne, la pareja hispano-argentina tejió su victoria con paciencia de artesano y temple de campeones para imponerse 7-6(4) y 6-4.
El aire parisino pareció endurecer cada intercambio, mientras el saque dominaba los compases iniciales hasta conducir el primer set a una muerte súbita donde emergió la jerarquía.
Bolelli, condicionado por molestias en el pie derecho tras solicitar asistencia médica con 4-3 a favor, vio diluirse una ventaja que no resistió el peso competitivo del dúo defensor del título.
Granollers, a sus 40 años, alcanzó su octava final de Grand Slam —la sexta junto a Zeballos—, en una sociedad que acumula 221 victorias en 318 partidos y 15 títulos compartidos, incluidos dos majors.
La revancha de la reciente final del Masters 1000 de Roma se consumó con precisión, confirmando la vigencia de una dupla que ha sabido transformar derrotas pasadas en impulso sostenido.
En la historia reciente del torneo, solo binomios selectos como Krawietz-Mies o Mirny-Nestor lograron defender la corona, un reto que ahora vuelve a asomarse en el horizonte de los vigentes campeones.
El último escollo hacia el título será la dupla formada por el finlandés Harri Heliovaara y el británico Henry Patten, quienes aguardan en la final como el siguiente capítulo de una narrativa aún abierta.
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