En el corazón del Balaton Park Circuit, bajo un sol que derretía el asfalto hasta los 50 grados, Márquez tejió una carrera de paciencia y filo para alcanzar su triunfo 74 en la clase reina y el pleno del fin de semana.
La salida fue un relámpago de tensión cuando Márquez cerró el paso a Acosta mientras, detrás, una caída múltiple arrastraba al italiano Marco Bezzecchi, al español Jorge Martín, al italiano Fabio Di Giannantonio, al español Raúl Fernández y al también español Fermín Aldeguer, golpeando de lleno la lucha por el campeonato.
Con Bezzecchi fuera en la primera vuelta y Martín también eliminado, el tablero del Mundial se inclinó de pronto, dejando a Márquez con una oportunidad dorada que no desaprovechó en un trazado donde cada error se paga caro.
Acosta, decidido y agresivo, tomó la punta en los primeros compases y estiró la diferencia mientras el de Cervera, todavía incómodo, administraba ritmo y neumáticos como quien mide cada latido antes del asalto.
Márquez fue limando décimas con la precisión de un bisturí hasta colocarse a la estela del murciano, iniciando un duelo generacional que condensó presente y futuro de MotoGP en cada frenada.
Tras dos intentos fallidos, Márquez encontró el hueco en la tercera embestida y superó a Acosta con una maniobra quirúrgica que inclinó definitivamente la balanza a favor del piloto del Ducati oficial.
Una vez al frente, el catalán desató su versión más implacable y abrió hueco con rapidez, firmando incluso la vuelta rápida a seis giros del final mientras su ventaja crecía más allá de los dos segundos.
Acosta sostuvo el segundo lugar sin amenazas, mientras el italiano Francesco Bagnaia heredaba el tercer puesto en una carrera marcada por sanciones, caídas y oportunidades inesperadas.
El triunfo, además de redondo, tuvo peso histórico al significar la victoria 100 de Márquez en el Mundial, dieciséis años después de la primera, y reforzar su candidatura a un nuevo título tras ampliar diferencias en la clasificación general.
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