Zverev impuso jerarquía desde el inicio con un 6-1 contundente, cedió el segundo parcial 4-6, ganó el tercero con idéntico marcador, resistió la rebelión italiana en un cerrado 7-6 (7/5), antes de sentenciar con un 6-1 que hizo justicia a su mayor peso competitivo.
Con seis saques directos, un 76 por ciento de efectividad con el primer servicio y nueve puntos de ruptura convertidos en 21 oportunidades, Zverev sostuvo un tenis de alta precisión en los momentos de mayor tensión.
La victoria borra de golpe las cicatrices de tres finales perdidas —US Open 2020, Roland Garros 2024 y Australian Open 2025— y confirma la madurez de un jugador que aprendió a sobrevivir en el filo de la élite.
Campeón olímpico en Tokio 2020, el nacido en Hamburgo alcanzó además el título 25 de su carrera profesional, ahora con la consagración mayor que durante años le fue esquiva.
En su ruta hacia la copa, el germano dejó en el camino a rivales como Machac, Halys y Mensik, mientras del otro lado emergía un Cobolli irreverente que sorprendió al cuadro con una final inesperada.
El italiano, revelación del torneo, sostuvo el pulso competitivo con victorias sobre Auger-Aliassime y Arnaldi, pero terminó cediendo ante la consistencia de un rival que convirtió la Philippe Chatrier en escenario de redención.
Ahora, el historial particular queda 4-1 a favor de Zverev, quien reafirma su dominio reciente y escribe en París una página largamente esperada en busca de la gloria.
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