Según una investigación publicada en la revista Behavioral Sciencies, los varones parecen encontrar mayores dificultades para reconocer el malestar psicológico y solicitar vías para solucionar sus problemas en este ámbito, debido al peso del estigma social.
Los expertos subrayan que los mandatos tradicionales de género asociados a ser fuerte, aguantar y resolver los dilemas individualmente puede retrasar la identificación del sufrimiento.
Reconocieron que los hombres exhiben un alto índice de conductas de riesgo, adicciones y suicidios consumados, pero la fuente aclara que los diagnósticos de ansiedad y depresión son menores que en las mujeres.
«Esta diferencia podría estar relacionada no solo con patrones distintos de expresión del malestar, sino también con posibles sesgos de género en la investigación”, argumentaron los especialistas.
Entre los obstáculos más importantes están la vergüenza, la autoestigmatización, la minimización de los síntomas, la desconfianza hacia la terapia y la idea de que pedir ayuda equivale a una falta de autosuficiencia.
De ahí que muchos varones tiendan a ocultar el sufrimiento, evitar la expresión emocional y mantener una imagen pública de control y fortaleza.
La investigadores del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos de la Universidad de Murcia, España, destacaron la importancia de incorporar la perspectiva de género en la atención psicológica y psiquiátrica dirigida a este segmento, pues no siempre el malestar masculino no siempre se expresa mediante tristeza.
En el sexo masculino suele manifestarse a través de la irritabilidad, el aislamiento, el consumo de sustancias o conductas agresivas.
La práctica clínica convencional debe tener en cuenta aspectos como la edad, la clase social, la etnia, la orientación sexual, el contexto cultural o la presencia de otras problemáticas pueden influir tanto en la forma de experimentar el sufrimiento como en las posibilidades reales de recibir ayuda.
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