Texto y foto: Roberto F. Campos
Arropado por historias de intelectuales, bailes de sociedad y el desarrollo de una ciudad muy cosmopolita, el Hotel Plaza de La Habana siempre exhibe un atractivo muy particular.
El Plaza apareció el 3 de enero de 1909 en toda una manzana y en varias oportunidades celebro su majestuosidad con una tarja conmemorativa y dar un baile en su quinto piso, tal y como se inauguró.
Sin embargo, aparecen algunas diferencias, pues en aquel entonces resultó un baile de caridad con personas de la alta sociedad del momento y en otras oportunidades resultó fiesta con la asistencia de los trabajadores del hotel y otros invitados.
Por demás, en sus salones reinó lo más significativo de la intelectualidad cubana de su momento con la sociedad de cultura hispanoamericana.
El área donde se edificó el hotel en 1667 estaba cubierta de vegetación y formaba parte de los inicios de una ciudad fundada en 1519 (16 de noviembre).
En 1895 se alza en el lugar una mansión señorial perteneciente a la Familia Pedroso y en 1898 funciona en el edificio, entonces de dos plantes, el Diario de la Marina. Luego del triunfo de la Revolución Cubana en 1959 tuvo varias reparaciones hasta una de 1991.
Ahora el hotel cuenta con 188 habitaciones (con 15 suites y tres especiales, ocho matrimoniales y 162 dobles) con un mobiliario que conserva piezas de antaño.
Incluye cuadros originales de los pintores Esteban Valderrama de la Peña, Esteban Domech, Federico Siroca y Juan Gil García, entre otros artistas españoles y cubanos. Posee su Roof Garden en el quinto piso, un restaurante-Buffet y el Bar Fausto, entre otras propuestas culinarias de refinado gusto.
Y por si fuera poco, allí estuvieron la bailarina rusa Ana Pavlova (en dos ocasiones: 1915 y 1917), el genio cubano del ajedrez José Raúl Capablanca, o el físico Albert Einstein, y el astro del béisbol estadounidense Babe Ruth.
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