El reclutamiento de las féminas para dichas tareas al margen de la ley se debe a que, por lo general, no generan sospechas, explicó el vocero de la fuerza de seguridad interna del país Jorge Aguilar.
“Son menos visibles para la Policía y la población; por ello, las pandillas prefieren utilizarlas no solo para extorsionar, sino también para llevar encomiendas a las cárceles”, subrayó.
A ellas las enrolan sus parejas o familiares que forman parte de estructuras criminales, aunque influye además su cercanía con grupos criminales o la pobreza, remarcó el portavoz, citado por el estatal Diario de CentroAmérica.
En los últimos años, acotó, las organizaciones delictivas se han debilitado tanto que han tenido que recurrir a este recurso femenino para seguir haciendo daño a las personas.
El analista del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales Francisco Quezada argumentó que “este fenómeno se ha observado desde hace, al menos, unos cinco a seis años”.
Las maras encontraron en ellas una “herramienta altamente efectiva”, porque regularmente no llaman mucho la atención como los hombres y levantan menos sospechas, insistió.
“Al vivir muchas veces en familias disfuncionales, sin educación o empleo formal, se convierten en poblaciones altamente propensas al reclutamiento”, aseveró Quezada.
El tema de la extorsión en este territorio centroamericano sigue siendo uno de los desafíos más complejos y de mayor impacto en la economía y tranquilidad de la población.
Pese al alto volumen de capturas (decenas de cobradores y coordinadores de clicas en un solo día), las autoridades reconocen que la percepción de seguridad tarda más en cambiar.
El Ministerio de Gobernación de Guatemala enfocó su estrategia en el aislamiento de líderes de estructuras criminales, bloqueo de señal y tecnología carcelaria y los Estados de Excepción focalizados decretados, entre otras.
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