París, 24 jun (Prensa Latina) Tras batir récords históricos, la canícula azota a Francia por quinto día consecutivo, para poner tres cuartas partes de su territorio en alerta máxima, con temperaturas cercanas o superiores a los 40 grados centígrados.
Las autoridades decretaron la alerta roja en 64 departamentos mientras otros 31 se mantienen con aviso naranja, de 101 que posee el país, es decir, el 90 por ciento de la población está bajo el castigo de este fenómeno climático.
Sin embargo, aunque especialistas citados por el canal de televisión LCI señalaron que para 2050 la temperatura en el verano podría alcanzar 50 grados, lo cierto, es que la ola de calor sigue su curso.
Hasta ayer se reportaron al menos 40 personas fallecidas, en su gran mayoría jóvenes o adolescentes nadadores que se ahogaron, incluso con familiares cerca, constata el canal France 24.
A diferencia de otros países europeos, donde siempre fue más frecuente el registro de alta temperatura, Francia queda rezagada en la región con 25 por ciento de cobertura, lo cual beneficia a apenas 10 millones de viviendas.
Entre las zonas galas donde resulta usual ver los aparatos de climatización están las del sur y sureste: Provenza-Alpes-Costa Azul, incluido ciudades como Marsella, Niza o Toulon, además de Occitania, con otras como Toulouse, Montpellier o Perpiñán.
Un paisaje totalmente contrario a la pulcra uniformidad de esta capital, con fachadas de belleza y armonía arquitectónica ejemplar, pero totalmente desprovistas de equipos de climatización, excepto en comercios, tiendas o bancos.
Tal situación aceleró el debate, en medio de la canícula, de cuál podría ser la prioridad, si cuidar de la salud y evitar estragos de la canícula o si frenar el alza energética para mantener controlada la emisión de gases contaminantes.
Algunos representantes ecologistas hablan de una “mala adaptación”, si la sociedad responde al calentamiento con la instalación de millones de máquinas sin transformar edificios.
La preocupación por la mortalidad
Con 44 millones de personas en regiones bajo fuertes riesgos por altas temperaturas, las autoridades francesas reactivaron a gran escala el dispositivo de emergencia para enfrentar este fenómeno atmosférico, aunque ya hubo que lamentar 40 fallecidos.
La situación actual recuerda a la de agosto de 2003, cuando 15 mil personas perdieron la vida, en su gran mayoría personas de avanzada edad.
Tras esa tragedia, las autoridades francesas crearon desde 2004 el Plan Nacional Canicule, con los referidos niveles de alerta, el Registro Municipal de personas vulnerables, y el “plana azul”, con residencias para mayores.
Además, se establecieron salas refrigeradas o lugares frescos, un sistema de alerta sanitaria y comunicación pública,
adaptación de hospitales y servicios de emergencia, con planes de crisis en esos centros.
Los hospitales, por su lado, incorporaron planes de crisis para los casos de canícula y se dispuso una mayor atención al urbanismo y al calor en las ciudades.
De la preocupación por la ecología en Francia se comenta aquí y fuera de esta sociedad donde mantener un auto climatizado encendido mientras este parado por apenas unos minutos ya conlleva una reprimenda al conductor de cualquier transeúnte.
Mientras, casi todos en París miran de vez en cuando a cuanto dispositivo se pueda consultar la hora con la esperanza de que la “noche” con Sol afuera, traiga algún alivio al sofocante calor.
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