Por Lemay Padrón Oliveros (Enviado especial)
Originalmente se llamó Paseo de la Emperatriz o Paseo del Emperador, ya que su trazo fue encargado por Maximiliano I de México durante el Segundo Imperio Mexicano, y después del triunfo del gobierno de Benito Juárez fue renombrado como Paseo Degollado, en honor a Santos Degollado.
A la muerte de Juárez, el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada consolidó su actual nombre en honor al proceso conocido como La Reforma.
Por su zona más céntrica han ocurrido hechos históricos de importancia para la capital, y es punto frecuente de manifestaciones y celebraciones populares, conciertos y actividades cívicas.
En su recorrido se ubican monumentos destacados de la capital, así como otros de interés financiero y comercial, mezclados en diversos estilos arquitectónicos que van desde el modernismo hasta la arquitectura más contemporánea.
Tiene aproximadamente 14.7 kilómetros de largo y a principios de este siglo se le hizo una prolongación.
Nuestra aventura pedestre se inició en la Fuente de la Diana Cazadora, donde arrancó el colorido desfile del Mundial, y fuimos pasando por los Monumentos dedicados a Colón, a Cuauhtémoc, la Fuente de Petróleos Mexicanos y la Estela de Luz, además de otros relativos a próceres y estados mexicanos.
Bajo el cielo cambiante de esta capital, la Reforma se despliega como una arteria viva y palpitante que encarna el latir urbano y la memoria colectiva, y aquí convergen historias, voces y sueños que han tejido la identidad de la urbe a lo largo de décadas.
En El Ángel de la Independencia una columna dorada se alza majestuosa, custodiando historias de lucha y triunfo, mientras turistas y locales convergen bajo su sombra buscando captar la esencia del México emancipado.
Atravesando el Bosque de Chapultepec nos adentramos en un pulmón verde que contrasta con el concreto circundante, un refugio donde la historia prehispánica se entrelaza con la modernidad.
Los vendedores ambulantes, con su oferta variopinta, y los artistas callejeros, que con sus melodías y pinturas embellecen la escena, añaden capas de autenticidad a este escenario viviente que mezcla edificios neoclásicos con rascacielos de vidrio y acero, símbolos del progreso y la globalización.
Caminar por Reforma es también recorrer una galería al aire libre de la memoria histórica reciente con los murales modernos, esculturas contemporáneas y placas conmemorativas que hablan de luchas sociales, de avances culturales y de la diversidad que caracteriza a la ciudad más grande México.
Cada paso resuena con ecos del pasado y promesas del futuro, en un recorrido que no solo traza un camino físico sino también un sendero emocional y espiritual, un ejercicio de conexión profunda con la esencia misma del México urbano y su gente.
Ah, y juro que busqué por todos lados pero nunca vi a la rubia de las 10.
oda/lp










