Por caprichos del azar nunca se dio el cruce antes ni en fase de grupos, y sería nada menos que en una final, la de Surcorea-Japón 2002; por eso algunos la consideran la madre de las finales.
La ‘canarinha’ había tenido un paso bastante esperado dada la calidad de sus futbolistas, pero la Alemania del técnico Rudi Völler llegó a la final en buena medida por la eclosión del joven Miroslav Klose.
El desconocido delantero del Kaiserslautern llegó a la discusión de la corona con cinco goles anotados, segundo máximo anotador del torneo.
Su desgracia fue que el líder de los romperredes estaba en la escuadra rival y con sed de venganza, porque cuatro años atrás firmó una pobre final contra Francia.
Con un pelado que parecía de dibujo animado, Ronaldo Luiz Nazario de Lima hizo olvidar a lo largo de la justa las dos graves lesiones de rodilla que frustraron sus años recientes y fue la pesadilla de Oliver Khan, el mejor portero de la lid.
Los alemanes estaban siendo superiores, pero en la última media hora de partido Ronaldo lo cambió todo, primero al recoger un rechace tras un tiro de Rivaldo, y luego aprovechando una pasada de su compañero para disparar con potencia.
El ariete carioca terminó así como máximo goleador del torneo con ocho tantos en siete encuentros y Brasil se convertía en pentacampeona del Mundo.
Ambas selecciones no volverían a verse las caras hasta las semifinales de Brasil 2014, donde la comitiva germana tomó cruda venganza con aquel humillante 7-1, nada menos que en casa de sus rivales.
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