El duelo, tenso como cuerda de arco desde el silbatazo inicial, enfrentó la pegada vikinga de Ståle Solbakken con la verticalidad indomable de los Elefantes de Emerse Faé en un cruce donde solo cabía la supervivencia.
Antonio Nusa abrió la herida al minuto 39 con un disparo de autor, tras recibir de Martin Odegaard, recortar hacia dentro ante el desconcierto de Guéla Doué y clavar el balón en la escuadra, inalcanzable para Yahia Fofana.
El descanso encontró a Noruega en ventaja mínima, premio quizás severo para una Costa de Marfil más incisiva en las transiciones y sostenida en el desequilibrio de Yan Diomande, pero castigada por un parpadeo defensivo.
Los africanos regresaron con hambre y persistencia hasta que Amad Diallo, en el 74, combinó con Nicolas Pépé, se filtró en el área y fusiló a Nyland para equilibrar un partido que ya ardía en cada metro.
Cuando el caos parecía dueño del guion, apareció Haaland al minuto 86, rompiendo entre líneas tras un pase de primeras de Patrick Berg y empujando sin oposición para firmar un gol que pesó como destino.
El delantero del Manchester City, letal y constante, se convirtió además en el primer jugador desde Sándor Kocsis en 1954 en marcar en sus tres primeras apariciones mundialistas.
Noruega, que hizo de la eficacia su bandera, resistió el último empuje marfileño y confirmó su billete a octavos, donde le espera Brasil, vencedor la víspera ante Japón.
Costa de Marfil se despide con dignidad tras su primera incursión en fases de eliminación directa, mientras los vikingos avanzan con el filo de su ataque y la certeza de que aún tienen historia por escribir.
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