Los ingleses pasaron a octavos de final al vencer 2-1 a la República Democrática del Congo en reñido choque en los dieciseisavos y enfrentará como visitante a México que alcanzó esta etapa al doblegar 2-0 a Ecuador.
Y por destino del cronograma volverán 40 años después a la cancha que les trae malas memorias; el juego está pactado para la noche del domingo 5. Este es un recordatorio obligado.
La última vez que Inglaterra jugó en ese recinto fue el 22 de junio de 1986, cuando se enfrentó en los cuartos de final ante la Selección Argentina con un Diego Armando Maradona empoderado.
Fue un partido atravesado por la política; estaban aún latentes los estampidos de la guerra por las Malvinas, las muertes de cientos de jóvenes argentinos, y el encuentro adquirió –lo recuerdan hoy muchos en Argentina- una carga emocional imposible de ignorar entonces para ambos países.
Aquella fecha y el choque quedaron marcados en los anales futbolísticos por la victoria argentina 2-1 en un partido que tuvo como excelso protagonista al “Pelusa”. En el tiempo complementario llegaron las emociones: en apenas cuatro minutos, el “Diez” empezó a escribir el primer capítulo de lo que terminó siendo la historia mejor recordada en la historia del deporte.
Primero aconteció el milagro de la “Mano de Dios”, un gol que todavía genera debates y simboliza la picardía futbolera elevada a categoría mundial. Poco después sucedió el golazo que muchos consideran el mejor de todos los tiempos, conocido como “El Gol del Siglo”.
El “barrilete cósmico”, como lo calificó Víctor Hugo Morales en su genial narración, arrancó en su propio campo, dejó en el camino a Hoddle, Reid, Butcher, Fenwick y al arquero Shilton, y cañoneó el 2 a 0 inolvidable, Lineker logró convertir el tanto de descuento, pero el marcador quedó inamovible 2 a 1 hasta el pitazo final.
¿Podrá el actual equipo anglosajón con un inspirado Harry Kane, actor de cinco goles en este Mundial de 2026, romper el hechizo del 22 de junio de 1986, o la nave del timonel Thomas Tuchel sufrirá otra debacle y no querrá volver jamás al Estadio Azteca? Los dioses están atentos.
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