Ya nada ha sido igual desde entonces, y si bien la emoción hay que contenerla hasta ver las repeticiones, la justicia ganó una batalla más, y eso es invaluable.
La génesis estuvo en una Copa Mundial, la de Sudáfrica 2010, cuando se dio el gol fantasma de Frank Lampard, que significaba el empate para Inglaterra contra Alemania en su cruce de octavos de final.
Radicada en el Reino Unido, la International Football Association Board (IFAB), organismo encargado de oficializar las reglas del más universal de los deportes, aprobó la novedad con euforia el 5 de julio de 2012.
En 2011 la IFAB estuvo cerca de dar luz verde, pero se exigía ciento por ciento de precisión, que el árbitro fuera notificado en menos de un segundo y que el sistema funcionara tanto de día como de noche y en cualquier condición meteorológica.
Dos compañías lograron superar el laboratorio independiente de pruebas: Hawk-Eye (Ojo de Halcón) y GoalRef, y tras ensayos en diferentes Ligas europeas con resultados satisfactorios fueron aprobadas.
La utilización de varias cámaras sobre la línea de meta y de un chip en el balón hicieron infalibles a estos sistemas, donde la interpretación humana no interviene, a diferencia de las aprobadas posteriormente.
Llegó luego el Video Arbitraje (VAR) para intentar dilucidar otras jugadas polémicas como fueras de juego y faltas cometidas, pero al intervenir la suspicacia de cada árbitro no han podido acabar con la polémica, si bien en sentido general han aumentado la justicia.
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