En el estadio Olímpico de Roma el cuadro capitaneado por Diego Armando Maradona quería igualar lo hecho cuatro años atrás en México 1986 ante los mismos rivales, única final que se ha repetido consecutivamente.
La crispación comenzó desde el mismo inicio, cuando la inmensa mayoría de los presentes pitaron el himno sudamericano, mientras un enojado Maradona, en vez de entonar la letra como siempre, decía “Hijos de p…”.
Los aficionados locales no olvidaban que la albiceleste les había quebrado el sueño de coronarse en casa al batirlos en esa semifinal, en la cual se hizo inmortal el ataja-penales Sergio Goygochea.
Argentina logró pasar fase por fase con más penas que glorias, y llegó al encuentro conclusivo con varias ausencias claves por la acumulación de tarjetas amarillas, entre ellas la de su delantero estrella, Claudio Caniggia.
Tampoco podían alinear Ricardo Giusti y Julio Olarticoechea, mientras que Oscar Ruggeri y Jorge Burruchaga estaban muy disminuidos físicamente y el Pelusa había jugado todo el Mundial con un tobillo que lucía como una pelota de tenis.
Los germanos terminaron imponiéndose tras un polémico penal cobrado por el juez mexicano Edgardo Codesal, luego de una entrada imprudente de Roberto Sensini sobre Rudi Völler.
Era el minuto 85 de juego y ya se pensaba en la definición por penales, pero desde ese mismo punto el defensa Andreas Brehme batió al Goyco para que Alemania levantara su tercera Copa del Mundo.
El propio Brehme confesó tiempo después: «No fue penal, la marca fue correcta».
También lo dijo su compatriota Lothar Matthäus: «Yo estaba muy bien ubicado. Veo que hay un contacto, pero para mí no fue suficiente para cobrar penal. En un partido así, si va a cobrar un penal, el árbitro tiene que estar seguro de que la infracción fue clara, y para mí no fue tan clara”.
Los sudamericanos jugaban también con 10 desde el minuto 65 tras una falta sobre Jürgen Klinsmann de Pedro Monzón, quien se convirtió en el primer expulsado en una final mundialista.
Franz Beckenbauer se convirtió en el segundo entrenador que alzó la Copa tras haberlo hecho antes como jugador, después del brasileño Mario Lobo Zagallo (1970).
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