Ciudad de México, 8 jul (Prensa Latina) La Copa Mundial de fútbol de 2026 dejó deportivamente a México en el mismo sitio de los torneos anteriores, pero haber sido sede le aporta muchas otras ganancias que no se reducen a un terreno. Una de ellas fue la cultura de la limpieza, pues si bien los aficionados que abarrotaron el Fan Fest y los alrededores del Ángel de la Independencia para ver los partidos del Tri dejaron toneladas de basura tras los festejos, con el paso de los días esto fue siendo menor.
El Gobierno de la capital tuvo que replantearse sobre la marcha el operativo de limpieza contemplado para el Mundial, debido al gran acumulado de vasos, botellas, latas y bolsas de plástico de esas primeras fechas.
Para el juego contra Inglaterra, el último de la selección mexicana, hubo más contenedores, brigadas de limpieza y voluntarios que invitaban a separar los residuos antes de que terminaran sobre el pavimento o mezclados.
En el operativo lanzado por la Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México participaron 360 trabajadores de limpieza, 23 vehículos recolectores, seis hidrolavadoras y una pipa de 10 mil litros de agua.
Aun bajo la lluvia y la tormenta eléctrica, los operarios de aseo con impermeables y cascos estuvieron pendientes de la recolección de residuos.
La campaña ambiental “La mejor sede del Mundial deja limpia la ciudad” convocó a la ciudadanía a separar los residuos en orgánicos, reciclables y no reciclables, apoyada por el operativo especial “Mega Limpiatón de la Afición”.
Durante los últimos días fue visible una menor acumulación de basura en las calles con trabajos de embellecimiento antes, durante y después del encuentro contra los ingleses.
Gracias a estas iniciativas también hubo ciudadanos que trajeron sus propias bolsas y se llevaron los residuos a sus casas.
Pese a que México quedó eliminado, las brigadas continuarán participando en los Fan Fest y en las actividades relacionadas con el Mundial 2026 que se realizan en el Zócalo y en diversas alcaldías de la capital.
Esta tierra de colores y sabores encuentra otra ganancia intangible, un tesoro que no se mide en monedas sino en dignidad, porque cada papel recogido, cada desperdicio apartado, son actos de respeto que hablan más fuerte que mil palabras.
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