Desde la primera edición, cuando el uruguayo Alberto Supicci alzó el trofeo, todas las selecciones campeonas fueron dirigidas por un estratega de la misma nacionalidad que el país vencedor.
Ningún seleccionador foráneo quebró esa marca, pese al crecimiento del intercambio de entrenadores entre Federaciones de todo el planeta, y en esta edición el alemán Thomas Tuchel busca ser la excepción.
Luego de imponerse a Noruega, Inglaterra se ganó un puesto en semifinales y enfrentará a Argentina, por lo que Tuchel tendrá la posibilidad de romper la maldición.
Otro que tiene en sus manos la posibilidad de hacer historia todavía es el francés Didier Deschamps, quien levantó el trofeo con Francia en Rusia 2018 y fue subcampeón en Qatar 2022.
De llegar a la final del venidero domingo 19 de julio en el Estadio Nueva York/Nueva Jersey se convertiría en el primer adiestrador con tres finales a su haber.
Si gana, entonces igualaría con el italiano Vittorio Pozzo, quien conquistó los Mundiales de Italia 1934 y Francia 1938, el único director técnico bicampeón del mundo.
A eso aspira también con Argentina Lionel Scaloni, y si sale al césped neoyorquino se uniría al selecto grupo de técnicos con dos finales mundialistas.
En esa mesa solo se sientan Deschamps, que como decíamos tiene la oportunidad de ampliar su legado, el también albiceleste Carlos Bilardo y el alemán Franz Beckenbauer, protagonistas e las finales de México 1986 e Italia 1990.
Todavía no hay seguridad de que la condena de los entrenadores foráneos se mantenga por otros cuatro años, Tuchel insiste en acabar con ese estigma.
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