En el marco de emotivo homenaje-despedida en la simbólica Plaza José Martí de la capitalina avenida Las Américas, el doctor Omar Calderón confesó que esta fue su segunda misión en la tierra del quetzal, la primera del 2001 al 2003.
En aquella estuve en zonas de los departamentos de Quiché, Huehuetenango y Baja Verapaz. Fui coordinador en Nebaj y llegué a atender comunidades complejas, describió el galeno, quien viajó a Venezuela entre 2003-2007 y a Brasil 2013-2018.
Ahora termino en la operación Milagro (dedicada a la atención de enfermedades de la vista) en Escuintla. Son dos servicios diferentes: uno primario y otro quirúrgico, pero el paciente es el mismo, pobre, necesitado, agradecido, acotó.
Recibimos personas de toda la nación e incluso extranjeros, a veces se quedaban a dormir fuera del centro, promediamos más de dos mil 500 cirugías por año, entre 16 y 18 diarias, subrayó en declaraciones a Prensa Latina.
Fue una experiencia maravillosa. Operábamos de 10 a 12 cataratas y siete-ocho carnosidades, aparte de alguna de los párpados, remarcó.
En este final hubo pacientes que fueron y nos dieron las gracias y empezaron a llorar. Tanto la atención comunitaria como la hospitalaria va a dejar un espacio tan grande que hasta nosotros lo estamos sintiendo ya, afirmó Calderón.
También lagrimeó el director del hospital, un médico ortopédico que conoce la historia de Cuba, quien fundó ese centro hace 17 años y todavía está ahí, contó.
Me impactó la cultura chapina, que ellos no pierden la virginidad de sus raíces, son muy educados, nobles y sencillos, añadió.
Eso es importante para el médico, detalló, porque nos permite entrarle más, atenderlo mejor. Son tan asequibles que por eso esta misión fue tan especial, consideró el profesional de bata blanca de la oriental provincia de Las Tunas.
oda/znc













