Bajo la guía del director técnico Jesús Cruz, la selección conserva la columna vertebral que compitió en la reciente Liga de Naciones, donde el cierre en alza —tres victorias decisivas— devolvió al grupo la brújula del alto rendimiento y la certeza de pertenecer a la élite.
Con ese pulso internacional aún vibrando en las manos, los cubanos aterrizarán en la capital dominicana con mayor rodaje, equilibrio táctico y una identidad que oscila entre la potencia del saque y la paciencia en la construcción del punto.
La nómina incluye a los pasadores Ronaldo Flaquet y Julio Gómez, los opuestos Daniel Martínez y Ragnar, los auxiliares Miguel Ángel López, Marlon Yant, Julio Cárdenas y Víctor Andreu, los centrales Alexis Wilson, Roamy Alonso y Thiago Suárez, y el líbero Yonder García.
El calendario abrirá el 25 de julio ante Puerto Rico, rival de mayor rango en el grupo, continuará un día después frente a Guatemala y cerrará el 27 contra Venezuela, en un tramo donde cada set será una cuerda tensa sobre el equilibrio.
López y Yant cargarán con el peso ofensivo, sostenidos por la lectura defensiva de García y la muralla de Alonso y Wilson, mientras los más jóvenes afinan su protagonismo en una maquinaria que no renuncia al relevo sin perder filo competitivo.
Cuba llegará con la memoria reciente del título conquistado en San Salvador y el horizonte extendido hacia Los Ángeles 2028, en un tránsito donde cada punto será también un ensayo de futuro.
mem/blc





