La sustitución de autobuses diésel por modelos eléctricos se considera la vía más importante para descarbonizar el transporte público, reflejó el portal electrive.com.
Según Empa, esa estrategia permitiría adelantar en 15 años la electrificación de la flota europea de autobuses, al tiempo que reduciría las emisiones y el consumo de materias primas.
Los investigadores parten de que la electrificación del transporte público no avanza al ritmo suficiente para cumplir los objetivos impuestos por Europa y el principal obstáculo no es solo la disponibilidad de autobuses eléctricos, sino la larga vida útil de los vehículos actuales.
Un autobús urbano permanece en servicio una media de 20 años, de modo que, incluso si a partir de 2035 todas las nuevas matriculaciones fueran de cero emisiones, la flota europea no alcanzaría un 95 por ciento de electrificación hasta 2057.
El e-retrofit es más barato que comprar autobuses nuevos, pues la propuesta de Empa consiste en sustituir únicamente los componentes relacionados con la propulsión convencional por un sistema eléctrico de baterías.
Entre tanto, el resto del vehículo, como la carrocería, el chasis o el interior, se mantienen en servicio y de esta forma se aprovechan estructuras que todavía tienen una larga vida útil por delante y se evita el impacto ambiental asociado a fabricar un autobús completamente nuevo.
De acuerdo con el análisis, el e-retrofit genera aproximadamente la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la fabricación de un autobús eléctrico nuevo.
Cada transformación evitaría alrededor de 58 toneladas de CO2, además de reducir el consumo de materias primas, la energía necesaria durante el ciclo de vida del vehículo y otros impactos ambientales, como el consumo de agua o las emisiones de partículas.
Si esta estrategia se aplica de forma generalizada en Europa, el ahorro acumulado podría alcanzar unas 300 millones de toneladas de CO2 antes de finales de siglo.
A nivel económico las ventajas radican en que la conversión de un autobús diésel cuesta aproximadamente la mitad que la compra de un autobús eléctrico nuevo
Igualmente, al tratarse de vehículos eléctricos los costes de operación y mantenimiento son inferiores a los de un autobús con motor de combustión.
El estudio calcula la capacidad necesaria para poner en marcha un programa de esas características como destinar apenas el uno por ciento de la mano de obra europea especializada en mecatrónica del automóvil permitiría transformar hasta 75 mil autobuses al año.
Por otro lado, con un cinco por ciento de esa fuerza laboral toda la flota europea de autobuses diésel podría electrificarse teóricamente en menos de tres años.
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