De acuerdo con el estudio, preparado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la prevalencia del hambre en el istmo descendió hasta el 4,7 por ciento en 2025, frente al 14,8 por ciento registrado dos décadas atrás.
El documento indica que Panamá, con una población estimada de 4,62 millones de habitantes y un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 4,4 por ciento en 2025, figura entre los países centroamericanos con avances significativos en la reducción de la subalimentación.
No obstante, advierte que alrededor de 200 mil personas aún padecen hambre crónica y carecen con frecuencia de ingresos suficientes para acceder a una dieta saludable.
Según el SOFI 2026, la tasa de hambre en Centroamérica se redujo a 5,4 por ciento el pasado año, resultado en el que Panamá destaca pese a enfrentar una tasa de desempleo de 10,4 por ciento y una informalidad laboral de 47,1 por ciento.
El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, señaló en un artículo publicado por el diario La Estrella de Panamá que los resultados del informe demuestran que la disminución del hambre responde al fortalecimiento conjunto de las políticas agrícolas, económicas y sociales.
El especialista explicó que la protección social preserva el poder adquisitivo, mientras las inversiones en el sector agrícola elevan la productividad, las infraestructuras rurales facilitan el acceso de los productores a los mercados y programas como la alimentación escolar y las transferencias monetarias contribuyen a proteger a las familias vulnerables e impulsar la demanda de alimentos locales.
Sin embargo, Torero alertó que esos avances continúan siendo frágiles y desiguales.
En ese sentido, señaló que la crisis en Oriente Medio durante 2026 representa un riesgo por el incremento de los costos energéticos, especialmente para las economías centroamericanas y caribeñas que dependen en gran medida de combustibles importados.
El informe también analiza la evolución del costo de una dieta saludable, definida por la FAO y la OMS como aquella adecuada, equilibrada, variada y moderada.
A nivel mundial, ese indicador alcanzó en 2025 un promedio de 4,28 dólares de paridad de poder adquisitivo (PPA) por persona al día, superior a los 3,44 dólares de 2021 y los 2,94 dólares registrados en 2017.
En Panamá, el costo de una dieta saludable ascendió a 4,46 dólares por persona al día en 2025, por encima de los 4,32 dólares contabilizados el año anterior.
De acuerdo con Torero, los elevados costos de los alimentos en América Latina y el Caribe responden principalmente al precio de las hortalizas y a deficiencias en la etapa posterior a la producción, entre ellas el deterioro de las carreteras, la limitada infraestructura ferroviaria, la insuficiencia de sistemas de almacenamiento en frío, problemas en el suministro energético, ineficiencias de mercado y pérdidas postcosecha.
ool/ga





